Margarita Pineda

Margarita Pineda se ha involucrado en el programa Invited-One- Day con un trabajo que entiende la relación entre el espacio de vida y el espacio público desde una perspectiva de permeabilidad y de proyección. Para ello, ha optado por crear una instalación efímera en la fachada, traspasando la frontera del espacio de creación y propulsando una materialización de la intimidad, a la manera de una especie invasiva, en el espacio público.

La instalación se coloca en la fachada como un punto de desequilibrio en la doble función de esta: esconder lo que hay detrás y dar a ver una serie de signos que permitan vislumbrar algo de lo que pretende disimular. Las simbologías que moviliza el trabajo de Margarita devuelven de hecho la intimidad a su estatuto de artificio, sugerido por el uso de un saco de construcción: la plasticidad tibia de la intervención, la suavidad de la luz y de las formas, las telas y el hilo remiten al confort, a la femenidad y al hogar del fuego que elaboran la narrativa novelesca de la intimidad. Margarita reconstruye literalmente la intimidad en el espacio público, contaminando este último con significados que no le pertenecen.

La proyección de lo íntimo se combina con la visibilidad dada a la percepción mental del territorio (la percepción íntima del territorio de lo íntimo). Un texto bordado expone así a la vista algunas apreciaciones de los habitantes acerca de su lugar de vida, dando a ver la alteración y la dilatación del espacio por las capas de memoria. Lo que se borda es una conceptualización del proceso de transformación del espacio en lugar, “«viviéndolo, marcándolo, reconociéndolo y apropiándose de él» como remarca la artista”. Sin embargo, la forma de la instalación hace perder al texto su consistencia sintáctica hasta fragmentarse en una serie de palabras, que parecen flotar libremente entre los pliegues de la tela. «Leer es luchar para nombrar (…), dudar entre varios nombres»: el proceso de transformación semántica que describe Roland Barthes con una sencilla aserción se arraiga aqui en cada palabra, autónoma en su lectura: cada una entrega una red de connotaciones, símbolos, una proliferación de sentidos y de referencias, miles de insectos voleteando a proximidad de la luz. El trabajo de formalización verbal sobre la casa, su representación lexical, deriva hacia una abundancia de significados que escapan a los propios autores del texto. La irrupción de la intimidad en el espacio público abre así el territorio a una serie de inteligencias y relatos que no vienen de ella. «Poeta Cabanyes 68» exhibe la narrativa de la intimidad a la vez que descompone la verbalización del territorio privado en una pluralidad de voces.